La CNDc se sube a medias… puntas

27 Feb

La recién nacida Compañía Nacional de Danza Clásica, dirigida por José Carlos Martínez, presentó algunas de sus nuevas propuestas de repertorio clásico en el Teatro Auditorio Ciudad de Alcobendas. Lo que para algunos iba a suponer una noche de emoción al recuperar las desterradas zapatillas de punta, al final resultó ser una velada en “media punta”, aun así, lo importante es que, poco a poco, la CNDc vaya recuperando y  trabajando el repertorio clásico que muchos balletómanos echamos de menos.

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Comenzaron con Holberg Suite, coreografiada por Tony Fabre e inspirada en la música del compositor noruego Edvard Grieg. La pieza, dotada de una atractiva estructura que jugaba con la sucesión de distintas figuras en el espacio, mostró de principio a fin ese aire renovado y dinámico por el que apuesta la nueva CNDc, pero sin llegar a definirse en un estilo concreto, situándose a medio camino entre el contemporáneo y el clásico. Los bailarines nos deleitaron con cada uno de los pasos a dos que realizaron: compenetración, trabajo y dificultad técnica fueron los principales protagonistas. Un precioso y original vestuario y una ausente escenografía enmarcaron los múltiples portés y solos de los bailarines que se entrelazaban con las variaciones realizadas a nivel grupal.

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   Tres Preludios, por fin en puntas, nos llevó a un estudio de danza en el que dos bailarines se enamoran al revelar sus sentimientos mientras realizan un delicado y romántico paso a dos. La coreografía, de Ben Stevenson, se dividía en tres partes en las que Seh Yun Kim y Tobby William Mallit emplearon una técnica depurada y la dotaron de gran calidad de movimiento aunque, en cuanto  a nivel interpretativo, en ocasiones, resultó ser un tanto vacía y demasiado sutil. Aun así pudimos disfrutar de una coreografía bien ejecutada que, gracias a la maestría de la pianista Rosa Torres Pardo, en momentos nos transmitía esa espiral de sensaciones que sentimos al estar enamorados.

Descamino de dos, utilizó una original y simple puesta en escena basada en la proyección de luz blanca sobre un trozo de linóleo que delineaba el camino por el que los bailarines, Mattia Russo y Daan Vervoort, iban caminando la coreografía. Contraposición de fuerzas y de equilibrios, compenetración y coordinación fueron empleadas con inteligencia en todo momento por los intérpretes a lo largo de toda la pieza contemporánea.

Sonatas, surge por la inspiración de José Carlos Martínez tras un profundo estudio de la partitura musical de Scarlatti y Padre Soler. Una coreografía cargada de frescura y de energía en la que los bailarines, sobre todo, el elenco masculino, desplegaron todas sus habilidades en los pasos de allegro y en la técnica de giros. La pieza desprendía la ilusión y el esfuerzo de Martínez en cada una de sus partes. Los bailarines la disfrutaron y supieron transmitirlo al público.

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En lo referido al trabajo individual y por parejas, el resultado fue casi sobresaliente, pero en cuanto al trabajo en grupo, la CNDc no cumplió con las expectativas y en más de una ocasión reveló fallos de coordinación y de limpieza. Esta circunstancia, junto con las excesivamente largas transiciones entre piezas y el hecho de que sólo se utilizaran puntas en dos de ellas, hicieron que la velada se quedara solo en “media punta”.

Esperemos que sigan trabajando duro y esforzándose para que la próxima vez no podamos decir nada más que “bravo”.

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